El regocijo de los críticos ingleses —insospechados de chauvinismo o de ditirambos inmerecidos— por la trompetista y tecladista Laura Jurd y su grupo Dinosaur es comprensible. Hace no menos de cinco años que Jurd viene componiendo —e improvisando sobre— una música pantagruélica e irreverente, cultísima sin culteranismo, hecha de varias tradiciones interpeladas, magníficamente tocada en formato de cuarteto y dotada de un sentido narrativo bastante sorprendente. Su nuevo disco se titula To the Earth. A diferencia de los anteriores, aquí Jurd redujo las sonoridades electrónicas a su mínima expresión.

A manera de suspense sonoro, Dinosaur escatima datos sobre el paso siguiente que dará tras abordar un determinado mood. Por ejemplo, el tema que da título al nuevo álbum se cimenta en un riff de contrabajo del infalible Conor Chaplin y unos zigzagueos espaciados de trompeta que traen al presente la música más abierta del Miles Davis del segundo quinteto, o quizá los misteriosos juegos melódicos de Don Cherry. El segundo track —“Slow Loris”— no se aleja mucho de aquella referencia, si bien el beat pesado, de blues surrealista, parece anunciar un corrimiento no sabemos muy bien hacia dónde. A esta altura del disco, Jurd despliega la fascinante ferretería de sordinas de industria ellingtoniana, y entonces la música se vuelve sardónica sin llegar a la broma (no hay parodia en Dinosaur, acaso porque la inteligente Jurd sabe que la parodia es un camino de ida). “Mosking”, una melodía de aire arábico, reduce la armonía a su grado folk: el piano del imaginativo Elliot Galvin es más color que acorde, mientras el discurso de pregunta-respuesta nos transporta a los suburbios del viejo jazz.

Esta impresión de máquina del tiempo sin un gramo de nostalgia se profundizará en el dueto con el que Jurd y el baterista Corrie Dick presentarán “Held by Water”, y sobre todo en “Banning Street Blues”, acaso el más hermoso homenaje a las marching bands del que es capaz un cuarteto en el que hay un solo instrumento de viento. Justo antes de “Banning…” encontramos, no casualmente, un tema de Billy Strayhorn, el sensual “Absinthe”, única composición no original del disco. Aquí el reduccionismo de “Held by Water” es suplantado por un arreglo más “orquestal”, en el que —sabia lección de la improvisación libre— los instrumentos no necesariamente están en el lugar que uno imagina. Cierra el disco “For One”, algo así como un spiritual en tempo rubato.

Jurd y sus amigos son jóvenes: promedian los treinta años. A simple vista, el aspecto de estos cuatro amigos de Hampshire encaja mejor con el brit pop que con el jazz en modo avant garde. Si uno quisiera escribir una tesis rebatiendo la teoría de la homología cultural podría basarse en un par de fotografías de estos muchachos y dejar al auditorio algo confundido. Sin embargo, la frescura de esta música exploratoria también está cifrada en esos rostros. En ellos, como en otros músicos de su generación, debemos buscar la respuesta a la pregunta por el jazz contemporáneo. Esta pregunta es quizá más interesante que la que suele formularse respecto al jazz europeo, pero también hay que decir que en la música de Dinosaur reconocemos ciertos rasgos de cultura inglesa (de hecho, Jurd cita entre sus influencias, al lado de Miles, Mingus y Ellington, a los británicos Liam Noble, Chris Batchelor y Huw Warren), en el sentido en que logra ensamblar felizmente vanguardismo y materiales populares en la tierra del pop y el rock progresivo. To the Earth es el tercer disco de Dinosaur. Los otros dos, que le valieron al cuarteto suficiente acreditación como para convertirlos en números fuertes de los Festivales de North Sea, Molde y Montreal, se titulan Together, as One (2016) y Wonder Trail (2018).

Dinosaur, To the Earth, Edition Records, 2020.