Con nada menos que 15 discos en su haber, el pianista Hernán Ríos acaba de lanzar 5 álbumes al mismo tiempo: cierran un ciclo de grabaciones que comenzó en 2000 con Volviendo de mi. Con composiciones propias, improvisaciones y cancionero argentino y brasileño, Ríos se confirma como uno de los músicos más prolíficos y personales en su matriz de jazz, folclore y tango. Los discos ya se consiguen en formato online.

Desafiando con atrevimiento la parquedad temporal con la que hoy suele presentarse la música, Hernán Ríos (Buenos Aires, 1967) acaba de lanzar la friolera de 5 álbumes que continúan – y supuestamente cierran – un ciclo de grabaciones que el pianista inició en 2000 con Volviendo desde mí y siguió doce años más tarde con Volviendo desde mí v.2. En definitiva, entre 2013 y 2021 Ríos se tomó su propio tiempo en el estudio que tiene en Lomas de Zamora para engrosar su obra pianística en solitario. (El volumen 5 fue grabado por Mario Breuer en los Estudios Fort Music).

Si bien el nuevo material se divide entre composiciones propias, temas del canon de las canción argentina y brasileña y una serie de improvisaciones libres (todo el disco tercero de esta tanda, quinto de lo que comenzó en 2000, está grabado bajo la premisa “free”), la idea de la variación y el desarrollo espontáneos hilvana una summa musical en la que Ríos explora texturas, agrega y sustrae notas de los acordes, administra los matices dinámicos y de tempo de manera exquisita y frasea con sutilezas rítmicas. Los cinco discos ya disponibles en plataformas virtuales – hay plan de hacer una tirada “física” más adelante – se titulan Un mordisco negro, La piedra y el agua, Después de hora, Postales y Silencios reunidos. El contenido suma en total 58 temas – algunos de ellos forman parte del repertorio de Hernán desde hace unos años -, un tour de forcé difícil de empardar en el panorama actual de la interpretación musical argentina.

La matriz estilística de Ríos está conformada por el jazz, el folclore y el tango. Se trata de una convergencia sólida y de larga data; por lo menos, desde que en 1993 Ríos formó El Terceto, proyecto al que en 1995 se sumó el baterista y compositor Norberto Minichilo, con Pablo Tozzi en contrabajo. El Terceto recorrió una línea creativa hasta ese momento poco transitada en la Argentina (“jazzear” el cancionero popular argentino, para decirlo rápidamente) y que poco más tarde Adrián Iaies desarrollaría de un modo no menos original. “Norberto ha sido un compañero de la música y de la vida, un hermano”, reconoce Hernán. “Nuestro encuentro fue mágico, y a pesar de la diferencia de edad nuestra complicidad era total. La experiencia compartiendo El Terceto fue, para ambos, un modo de llevar a la práctica una manera de sentir el arte y el amor a la música en un espacio de absoluta confianza y libertad.”

Tan dedicado a la ejecución como a la docencia, a Ríos le debemos el libro Más acá de la improvisación. Saber que Hernán enseña es un dato alentador respecto al futuro de la improvisación a partir de músicas “de raíz”, ya que su mirada es amplia y sensible. Su notable calidad pianística le permite llevar sus afinidades electivas a un nivel interpretativo complejo, pero al mismo tiempo atento a la elocuencia melódica. Esto último explica su fascinación por los compositores que aborda en su maratón discográfica: Gustavo “Cuchi” Leguizamón (“Zamba del Carnaval”, “Canción de cuna para el vino”, “Zamba de Argamonte” y “Zamba de Lozano”), Antonio Carlos Jobim (“Janelas abertas”, Retrato em branco e preto” “Dindi” e “Inutil Paisagem”) y Juan Carlos Cobián (“Los mareados”). Perlas sueltas de Osmar Maderna (“Pequeña”), Charlo (“Ave de paso”), Chico Buarque (“Tatuagem”), Atahualpa Yupanqui (“Camino y piedra”) o Sebastián Piana (“Silbando”), entre otros, completan lo que podríamos llamar la sección canónica del ciclo (Sólo dos standards norteamericanos matizan la selección: “Smile” de Chaplin y “Chelsea Bridge” de Billy Strayhorn). Distribuidos a lo largo de los cinco discos, estos clásicos populares funcionan como vectores de memoria de aquellas tradiciones de canción de las que el pianista se nutre para, desde allí, lanzarse a la improvisación. El mismo procedimiento – una tradición selectiva como insumo para algo diferente – fue probado por Ríos en sus trabajos con el percusionista Facundo Guevara.

Es claro que te gusta tocar solo, disfrutás de esa situación. ¿Qué desafío significa el solo piano tanto respecto al trío como al dueto, dos formatos que has frecuentado?

-Podríamos decir que representa un desafío diferente pero no más que eso. Trabajo con los recursos de otra manera, pero el concepto y el abordaje son los mismos que tocando con El Terceto y con Facundo. Ambos “mundos”, la música compartida y la “solitaria”, se potencian y nutren todo el tiempo. Reconozco que me encanta tocar con otros, tal vez eso le da valor a los momentos de “solo piano”.

Es evidente que en todos los temas hay una cuota grande de improvisación. Incluso hay desarrollos extensos, como en la versión de diez minutos de “Los mareados” o la de siete minutos de “Ave de paso”. Pero también hay temas como “Un mordisco negro” o “Tomando mate” que, habiendo sido compuestos, parecen improvisaciones libres.

-En los temas en los que no aparece la mención a “improvisación” hay una estructura formal (melodía, armonía y ritmo concreto) y la improvisación es el lenguaje para meterse en lo que cada composición propone y trabajar con eso. La idea siempre es respetar la esencia de las composiciones, su ritmo, melodía y armonía, la letra si es que la tiene, su paisaje… A partir de esa referencia me gusta jugar con esos elementos y los límites tratando de encontrar libertad dentro de esa estructura. En las “improvisaciones” propiamente dichas, la idea es “componer en tiempo real” (y que parezcan temas “escritos” o ensayados). Desde esta perspectiva, si bien la improvisación es el hilo conductor de mi música, el objetivo es construir un discurso con un manejo de la forma y la dinámica que tenga coherencia e integridad de principio a fin. De hecho, todos los tracks de Volviendo desde mí 5 (Después de hora) son breves “composiciones en tiempo real” a partir de diferentes ideas musicales como material para desarrollar en cada tema.

Quienes descubran a Hernán Ríos a través de esta verdadera integral de piano solo se preguntarán, acaso pudorosamente, cómo fue que se les escaparon su nombre, sus discos anteriores (¡15 álbumes!), su notable destreza pianística. Sucede que Ríos se mueve a su propio ritmo, con esa tozudez de artista moderno que ha hecho una promesa insobornable con su idea de la música. Así como en su interpretación de “Inutil Paisagem” de Jobim a la melodía la reconocemos recién promediando el tema, es posible que el lugar de Ríos en la escena musical argentina de los últimos años haya estado algo oculto, para salir a la luz de un modo notable en esta verdadera hazaña personal llamada Volviendo de mí.

Foto: Moris Santos

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